El ataque del dios Pan
Categorías: Columnas
Publicado por: Plan D
Por Carlos Galindo/
Había dejado ir su camión y eso le preocupaba. Ya llegaría otro. Tal vez no. El lugar era seguro, había luz todavía, no había razón para sentir ansiedad pero algo la tenía intranquila. Eran muchos ruidos, colores, personas. Que tal si todo salía mal, si no lograba llegar, tantas cosas por hacer. Ella sabía que era tonto pero empezó a sentir miedo. Últimamente todo salía mal, todo la asustaba. No podía concentrarse, tal vez estaba enferma, podría desmayarse. Peor aún, tal vez se estaba volviendo loca. Tenía miedo, más que miedo. Sintió escalofríos, comenzó a sudar, le dieron náuseas, le dolía el pecho, se sentía mareada, su corazón latía cada vez más rápido, tal vez moriría, quería escapar, el mundo se borraba y ella perdía el control…
Ese tipo de miedo bloquea en instantes la mente de hombres y mujeres por igual. Sucede sin razón aparente. Es tan terrible que los antiguos griegos lo atribuyeron al ataque de un dios. Pan era el dios protector de los pastores y rebaños, estaba asociado a la naturaleza y la fecundidad. Pero Pan tenía cuernos y piernas de cabra, cuando trataba de seducir a las ninfas sólo lograba aterrorizarlas. Su propia madre lo abandonó al verlo nacer. Incluso su voz era terrorífica, una vez la usó para asustar a los titanes cuando éstos atacaron el Olimpo. Pan vivía en los bosques donde infundía en los viajeros un miedo enloquecedor. De ahí el nombre de miedo pánico o, simplemente, pánico.
Los ataques de pánico son en realidad una adaptación evolutiva pasada de moda. El miedo es la estrategia que sigue nuestro cerebro para alejarnos del peligro y del dolor. El pánico es la alerta máxima que prepara a nuestro cuerpo para luchar, huir o congelarse frente al peligro (todas estrategias para sobrevivir el ataque de depredadores). Sucede que llevamos tiempo sometidos a estrés intenso y algo aparece en el ambiente, un sonido, un color o un olor, que se encuentra asociado en nuestra memoria a un recuerdo sumamente doloroso. Mucho antes de que ese estímulo sea procesado en la corteza cerebral, nuestra amígdala ya ha hecho la asociación y ha dado la orden de liberar adrenalina, y otras hormonas, para hacerle frente a la posible amenaza (se corta la digestión, la sangre va a los músculos, el corazón se acelera, la presión se eleva y el hígado libera glucosa). Sólo hay un problema con este increíble diseño evolutivo, ahora no hay un depredador contra el cual luchar. Lo que hoy nos estresa y causa dolor son los trabajos frustrantes, los pagos de la renta, etcétera. Las más de las veces el pánico ahora nos perjudica en lugar de ayudarnos. Pero con técnicas de relajación, y en algunos casos con tratamiento adecuado, podemos reeducar nuestro sistema de alarma para hacerle frente al estrés del mundo moderno.
…..Y ahí, en medio del ataque de pánico, ella recordó algo que había leído cuando era niña. En Dune, Frank Herbert escribió: “No debo temer. El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que lleva al olvido total. Enfrentaré mi miedo. Le permitiré pasar sobre y a través de mí. Y cuando haya pasado volveré mi ojo interior y veré su recorrido. Por donde el miedo haya pasado no quedará nada. Sólo yo permaneceré.”












July 15th, 2009 at 8:02 am
[...] que tememos en exceso termina por ser el objeto de nuestro más concentrado odio. El horrísono ataque del dios Pan nos provoca el deseo de escapar y muda cualquier afecto que pudiéramos sentir por el protector de [...]