Más que antojitos y fritangas
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Publicado por: Plan D
por Paloma Mora/
En lo particular mi espíritu mexicano se exacerba en el mes de noviembre, el concepto Revolución Mexicana me inunda. Quizá sean las películas de Pancho Villa, los corridos revolucionarios, la novela de la Revolución, todo eso se me mete en la sangre y mi apetito mexicano sale a buscar el sabor ahumado de un chile relleno, la dulzura del maíz en un tamal y la textura contundente del chicharrón.
En Aguascalientes existe un restaurante clásico, con un concepto de comida corrida y los platillos más deliciosos creados con una base de recetas tradicionales. Se trata de La Catrina, ese mítico lugar que se jacta de ser el creador del Chile Aguascalientes (un chile rojo relleno de un picadillo dulce y bañado en salsa de guayabas del merito Calvillo) y se poseer los secretos de la cocina hidrocálida.
La Catrina se encuentra ahora en la calle Nieto, muy cerca de la Plaza de Armas, albergado en una tradicional casa del centro histórico. La decoración sigue siendo descuidada, con algunos toques “locales”, arreglos de naturaleza muerta, fotografías y una pared inundada de diplomas por la excelencia de su gastronomía. El servicio tampoco es muy bueno, no hay mucha amabilidad con el visitante y comer allí supone tener libre de dos a tres horas, pues los platillos llegan muy lentamente.
Se preguntará entonces por qué recomiendo un lugar con tales características. Sencillamente porque la comida allí es la mejor de la ciudad. Por un precio fijo usted puede disfrutar de cuatro obligatorios tiempos: entrada, sopa, platillo fuerte y postre; y usted puede elegir entre varias opciones para cada tiempo. Las porciones son generosas, los ingredientes perfectamente balanceados en sabor y textura, los procedimientos de elaboración son “a la antigüita” y cada plato tiene un twist creativo y novedoso.
Si va en familia pida cada uno un plato diferente para que puedan disfrutar de todas las delicias del lugar. En mi última visita probé la entrada de galletas con queso y mermeladas de chile; la crema de chicharrón (algo de no creerse), el asado de boda y el chile Aguascalientes. Todo acompañado de agua de uva elaborada con limones, azúcar y un concentrado de uva hecho en el estado. Para terminar una torreja con miel de agave (dulce, amargo y potente) cierra el ritual goloso de mi apetito mexicano.
En verdad vale la pena perder el tiempo y algo de paciencia si se puede disfrutar de tan increíbles creaciones, así que si tiene pensado ir a celebrar, como yo, estas fiestas revolucionarias, no lo piense dos veces La Catrina es toda una experiencia.







November 13th, 2009 at 11:49 am
¡Oh, sí! Su comida es riquisima y, aunque es cierto eso del tiempo y el servicio, volveré a ir una y otra vez, sencillamente, porque el sabor de su comida es dificil de comparar con el de algún otro restaurante y, por ello, imposible de encontrar en otro lugar.
November 14th, 2009 at 9:10 am
Regresaremos Mine, regresaremos!