Ansiedad de tenerte en mis brazos…
Categorías: Cinco minutos de español, Columnas
Publicado por: Plan D
por Joel Grijalva/
En muchos casos acudir al diccionario para conocer la diferencia entre dos palabras puede convertirse en una aventura que nos lleva a recorrer de extremo a extremo el alfabeto y termina depositándonos perplejos de nuevo en nuestro asiento. Si sólo tomáramos como base el diccionario para distinguir la “angustia” de la “ansiedad”, antes de lograrlo, tendríamos que surcar las páginas desde la aflicción hasta la zozobra, pasando por la congoja, la incertidumbre, el sofoco, el sufrimiento y el temor. Al final, ganamos en vocabulario lo que perdemos en claridad: resulta que la una lleva irremediablemente a la otra e, irremediablemente también, viceversa.
Tracemos unas cuantas rutas como ejemplo:
A. Ruta simplificada que lleva de la ansiedad a la angustia
ANSIEDAD: 1. Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. / Zozobra: 2. Inquietud, aflicción y congoja del ánimo, que no deja sosegar, o por el riesgo que amenaza, o por el mal que ya se padece. / Congoja: 1. Desmayo, fatiga, ANGUSTIA y aflicción del ánimo.
B. Ruta hipersimplificada que lleva de la ansiedad a la angustia
ANSIEDAD: 2. ANGUSTIA que suele acompañar a muchas enfermedades, en particular a ciertas neurosis, y que no permite sosiego a los enfermos.
C. Ruta hipersimplificada que lleva de la angustia a la ansiedad
ANGUSTIA: 1. Aflicción, congoja, ANSIEDAD.
Una posible solución para escapar de este angustiante callejón sin salida son los diccionarios especializados, pues desfacer este tipo de entuertos es uno de sus singulares placeres; sin embargo, tanto los diccionarios médicos como los psicológicos introducen matices que los hablantes legos en tales materias no tomamos en cuenta (el grado de afectación física, la intensidad de la sensación, etcétera). A medio camino entre los diccionarios tradicionales (RAE, Colmex, etc.) y los especializados, nos encontramos los hablantes, que sabemos la diferencia aunque no siempre sepamos explicarla. Una mayoría contundente de hispanoparlantes coincidiría en que angustia y ansiedad no son sinónimos, y no necesitarían mayor prueba que la imposibilidad de sustituir una por otra en algunos contextos: nadie aceptaría que “Ansiedad de tenerte en mis brazos…” puede ser reescrito como “Angustia de tenerte en mis brazos…” sin provocar un cambio importante de significado. A la pregunta de por qué ocurre así, las respuestas serían casi tantas como entrevistados hubiera.
Quizá la mejor estrategia será, a final de cuentas, elaborar un cóctel con las tres aproximaciones: la libertad autorreferencial del diccionario tradicional, la intuición siempre precisa de los hablantes y la atomización obsesiva de los diccionarios especializados. He encontrado una explicación absolutamente maravillosa, pero el margen de esta entrada es demasiado estrecho para incluirla, así que, en su lugar dejo una frase que encierra la solución:
Los niños se sienten ansiosos por la llegada de la Navidad; los padres, angustiados.
Este texto es una versión libre de mi participación en el programa Aquí entre nos, de Mary Carmen Romo, transmitido en Radio BI (22/12/09)





