Por Carlos Galindo/
Había dejado ir su camión y eso le preocupaba. Ya llegaría otro. Tal vez no. El lugar era seguro, había luz todavía, no había razón para sentir ansiedad pero algo la tenía intranquila. Eran muchos ruidos, colores, personas. Que tal si todo salía mal, si no lograba llegar, tantas cosas por hacer. Ella sabía que era tonto pero empezó a sentir miedo. Últimamente todo salía mal, todo la asustaba. No podía concentrarse, tal vez estaba enferma, podría desmayarse. Peor aún, tal vez se estaba volviendo loca. Tenía miedo, más que miedo. Sintió escalofríos, comenzó a sudar, le dieron náuseas, le dolía el pecho, se sentía mareada, su corazón latía cada vez más rápido, tal vez moriría, quería escapar, el mundo se borraba y ella perdía el control...
Ese tipo de miedo bloquea en instantes la mente de hombres y mujeres por igual. Sucede sin razón aparente. Es tan terrible que los antiguos griegos lo atribuyeron al ataque de un dios. Pan era el dios protector de los pastores y rebaños, estaba asociado a la naturaleza y la fecundidad. Pero Pan tenía cuernos y piernas de cabra, cuando trataba de seducir a las ninfas sólo lograba aterrorizarlas. Su propia madre ...