por Juan Carlos González /
De 1999 a 2007 la cadena de televisión HBO transmitió The Sopranos. Al comienzo muchos auguraron, como siempre, un fracaso rotundo, pues decían que las historias de mafiosos ya no interesaban, que el género ya había sido agotado, que películas como Buenos muchachos de Martin Scorcese o la trilogía de El Padrino de Francis Ford Coppola eran ya clásicos del canon cultural norteamericano, incluso mundial, y que serían difíciles de superar. Quizá había algo de razón en todas estas objeciones. En efecto, las historias de mafiosos habían sido abordadas una y otra vez, algunas ocasiones por directores talentosos, logrando obras sorprendentes, pero la mayoría de las veces por directores de talento menor, con resultados que nadie recuerda. Con lo que no contaban es que David Chase, escritor y director de Los Soprano, aportaría nuevos enfoques: no sólo al tema de familias italianas pertenecientes a la mafia, sino al modo de hacer una serie para la televisión. Ambas cosas las llevaría mucho más allá de lo que cualquier espectador, crítico o no, hubiera esperado.
La historia que marcaba la pauta en el género era la trilogía de El Padrino. Los Corleone eran una de las cinco familias de Nueva ...